De Regreso




Yo te conocí en los largos años de mi desamparo,







cuando, ya en el límite,







el corazón de la sangre de mis venas,







latía buscando en los cielos eternos la muerte.








Yo te conocí, mujer, en el tiempo que mis noches







carecían de sentido en mi vida.







Y eran absurdas mis terrenales manos







que asiendo como standarte las rosas







querían estrechar tus manos,







que se negaban a las mías y partían.








Era sólo. Sólo pobre ser.







Maldición eterna.







Fuego.Casi sangre.







Y hielo. Y humo. Así era.







No sabía por qué estaba solo.







Nada sabía.







Era como el junco, que el viento







estaba a punto de doblar y vencer.







Y una noche en que Dios tuvo piedad de mí







te encontré.







Venías de un país que yo recordaba







en los milagros de mi memoria.







Te encontré y porque eras buena,







quise aferrarme a ti.







Busqué en ti, paz... más aún encontré amor.







Eres el otoñal suspiro del hombre.







Eres la efigie del misterio







donde nacen las razones.







Eres la bella luna que ilumina







con luz tenue, las comarcas de la vida







que continúan eternamente.








Autor: Leonardo Arhancet



Que el día de la amistad se prolonge durante todo el año.

Que enciendan la llama de la amistad, asi como lo han hecho conmigo.
Muchas Gracias por la amistad que me brindan.